Como habíamos pasado la noche Loes y yo en el anexo del hotel, tuvimos que pasar por la calle y dar la vuelta a la esquina para valernos de nuestro derecho al desayuno. Vino hacia nosotros un viejo coche americano y, sin que parase este, nos gritó una de los tres ocupantes desde la ventanilla abierta: – ¿Parlez-vous français? (1998)

Hotel Cala d'Or
-Oui- le respondió mi novia.
Se oyeron un grito de alegría y el chirriar de los frenos.
No cabía duda de que esta gente se veía en la necesidad de obtener cualquier información de importancia vital siempre que ésta fuera dado en francés. Tres jóvenes se arrojaron del coche y se nos acercaron con sonrisas radiantes de felicidad.
En seguida la chica que había estado sentada junto al conductor, sacó unos papeles y un bolígrafo y, dirigiéndose a Loes, le preguntó si estuviéramos de vacaciones.
Mi novia tiene conocimientos bastante buenos del francés, y no es imposible en absoluto que le gustara demostrar esa capacidad aún más después de haber sido testigo de mis intentos pobres y embarazosos de mantener algo lejanamente parecido a una conversación sencillísima en español durante una semana, y que por eso no terminara la charla diciendo que antes del primer café del día, encuestas no podían tomarse en consideración, tal como habría sido su manera habitual.
Sólo había pocas preguntas pero una vez estas contestadas la reunión no se disolvió. Al contrario, llegó a ser festiva. Desde ahora se hablaban francés, inglés, español e incluso holandés, este último por iniciativa del conductor, un muchacho ligeramente anoréxico que parecía ser el jefe de la compañía.
Había llegado el momento de agradecernos la cooperación dándonos la oportunidad de ganar un premio.
Los jóvenes investigadores nos entregaron dos tarjetas ilustradas con tema de la copa del mundo de fútbol. Luego, cada uno de nosotros recibió una moneda para raspar una capa de color de plata desde cinco círculos en su tarjeta hasta descubrir las imágenes debajo. Mi moneda era una de cinco pesetas.
Yo había terminado primero y tenía tres camisetas de fútbol azules. Había ganado una camiseta. Sin embargo, a pesar de este éxito tenía la impresión que todo el tiempo la otra tarjeta iba llamando más atención. Estaba Loes casi lista. Creció la excitación para estallar en júbilo: – ¡Tres Copas de Oro! – ¡Increíble! – ¡Un milagro!
Todos estrechamos la mano a todos y luego otra vez. – ¡Tres Copas de Oro es el Premio Mayor!
Faltó poco para que estuviéramos bailando y cantando los cinco juntos.
-¿Qué es el Premio Mayor?
Había tres posibilidades: A. Una semana de vacaciones B. Una cámara de vídeo.
C. Un televisor con vídeo integrado.
-¿Cuál tengo yo?
Ibamos a verlo enseguida. Es que también había en la tarjeta un pequeño cuadro de color de plata. Sólo podía ser raspado por el Director. El Director estaba en Cala d’Or. Que subiéramos todos al viejo americano y saliéramos a Cala d’Or a toda prisa.
-Una pregunta: esa semana de vacaciones, ¿dónde sería?
-¡Dondequiera en el mundo que desee!- dijo la chica.
-En Mallorca- dijo el jefe. -Pero vayamos ahora mismo.
-No podemos ahora mismo. Es que tenemos que desayunar.
-¡Hombre! Han ganado el Premio Mayor, pues todo lo que deseen por desayuno se lo ofreceremos en Cala d’Or.
-Lo sentimos, pero vamos a desayunar aquí y ahora. Ya vamos a Cala d’Or para sacar el premio más tarde. ¡Hasta luego!
Según Loes, en el comedor de nuestro hotel se sirvió el peor café jamás. Sobre la mesa entre nosotros descansaba la tarjeta de las tres copas de oro.
-¿Qué crees que hay debajo del cuadrito de color de plata? me preguntó.
-No tengo ni idea.
-Me parece que puedo ver una A con nitidez.
-¿A través de la plata?
- Sí, dame cinco pesetas.
Y en efecto había ganado una semana en Cala d’Or. Pero no hemos ido a recibir el premio. Tampoco hemos comprado un piso de utilización compartida.
Somos holandeses desconfiados.
Amsterdam, september 1998
Joop Maes is marktkoopman en was (anno 1998) cursist bij Spaans Leren, bovenstaande tekst is door hem in het Spaans geschreven en niet ‘verbeterd’ door zijn docent.